Comida de imitación

Hoy, para retomar por enésima vez esto del blog, traigo una reflexión de lo más profunda.

Desde mi punto de vista, existen varias fases a las que te enfrentas, en lo que a cocinar se refiere, una vez dejas de estar bajo el ala de mami.

La primera fase consiste en cocinar lo menos posible, o hacerlo pero no cosas demasiado historiadas, para comer cosas decentes ya están los viajes, más o menos frecuentes, a casa de la progenitora. Además, en esta fase te crees un chef y te pones a inventar cosas que acaban sabiendo a de todo menos a lo que pretendías…

En la segunda fase, cuando ya ha pasado un poco de tiempo y te has hartado de comer mal, te crees tu madre y quieres cocinar como ella.

Craso error, es imposible que una receta de tu madre te salga igual que a ella, aunque sigas al pie de la letra los pasos que te ha dicho.

Llegado a este punto, y antes de contaros mi experiencia personal con este tema, debo decir que yo soy un poco especialita a la hora de cocinar, y si no me viene todo clarito clarito y con las cantidades precisitas me entra el agobio y no rijo.

Yo ahora mismo me encuentro en plena fase 2 y para empezar fuerte decidí hacer las “albóndigas de mamá”, y claro, más que las “albóndigas de mamá” salieron las “pseudo-albóndigas de Pau”…

Y como para todo, para realizar el proceso de la creación del plato (que cosas más raras pongo), hay que seguir una serie de pasos.

1. Llamar a mamá a que te de la receta. Hecho.

2. Ir al super a comprar los ingredientes.

Y aquí ya llega el primer problema. Tu quieres 250gr de carne pero sólo hay bandejas de 500gr. Bueno, la compras y ya verás que haces con el resto. El bacon no lo puedes comprar en trozo, pero bueno, lo encuentras en lonchas, cosa difícil porque da la casualidad de que vives en austria y aquí parece que el bacon no existe, y te lo llevas. Y después el queso, que en principio te parece una idea brillante comprarlo en taco en lugar de rallado, porque así da mucho más de sí… Al menos comprar las verduras para la salsa es más difícil.

3. Llegas a casa y te pones a cocinar. Y no llevas ni 5 min y ya salta la alarma. Mamá no te ha dicho las cantidades de bacon y queso. Pues ale, a ojo… Parece que has superado la crisis pero no, te das cuenta que tampoco te han dicho las cantidades de las verduras para la salsa. Otro a ojo que toca… Salsa a chupchup y a freir las albóndigas. Todo va bien hasta que se te pegan y se medio desarman. Se supone que hay que freirlas y dejarlas un ratín con vino. No hay vino (por qué no lo apuntarías en la lista) así que le hechas un poco de agua. Total la gracia es que hierva…

4. Después de todo el proceso completo, que no voy a poner porque no es una receta de cocina, aunque lo parezca, parece que las albóndigas te han quedado igual que las de tu madre, pero vamos, que sólo lo parece… 

¿No tienen tan mala pinta, no?

(Ignorad por favor la calidad de la foto con fregadero incluido, tengo la cocina más minúscula de la historia)

La verdad que la pinta es muy similar (¿o no, madre?), pero vamos que no, que no saben igual, que las albóndigas de una madre son las de una madre y listo…

Ahora sólo me falta pasar esta fase y llegar a la siguiente: Conseguir que tus propias recetas queden decentemente.

Bueno, a pasarlo bien 😀

Pau

– Tras las nubes el cielo es siempre azul –